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Ferdinando II y la restauración
general
Bajo el reinado de Fernando II se
dió, como de costumbre, una restauración
general del Palacio Real .
Ya a partir de los primeros
años se planearon varios proyectos, hasta
que, en 1836, el Mayordomo Mayor Príncipe
de Bisognano, con un Rescripto Real, impuso
una registración general del Palacio
Real con finalidades de “meter manos a
las obras próximas” previstas para
el año sucesivo. «De tal manera,
por lo menos en lo formal, iba a iniciarse una
de las más articuladas intervenciones
de arquitectura emprendidas por los Borbones,
que terminaría casi simbolicamente poco
antes del fallecimiento de Fernando II»
 .
A la acción de restauración general
en su conjunto se le llamó “Reducción”,
y no por casualidad: «de hecho se trataba
de reconstruir una identidad arquitectónica,
procediendo por eliminaciones a través
de una poderosa obra de demoliciones en el discontinuo
conjunto de edificios que, compacto, se extendía
por el lado de S. Fernando y S. Carlos, en donde
el Palacio Viejo de los virreies representaba
una presencia disonante. (…) |
Jardines |
La politica de Fernando II se dirigía
hacia la centralización de los diferentes poderes
del Estado al interior del Palacio Real, de tal manera
él quería rehabilitar un modelo de arquitéctura
representativa, sumida de forma organica en el tejido
urbano, cuya función fuera perceptible y manifesta»
.

Palacio Real en ocasión
de la estadía del Papa Pio IX en Napoles
(1849) - L. Fergola |
Se
trataba de un trabajo de grandísima envergadura,
puesto que conllevaba el desgarramiento de desordenadas
edificaciones que se habían ido sobreponiendo
a las que ya existían, lo que había
permitido la supervivencia de misceláneas
actividades al interior de las murallas del
palacio y hasta el establecimiento de nucleos
familiares que se transmitían el derecho
de residencia.
Con todo, el aspecto que sobresalió entre
los demás fue sin duda alguna la exigencia
de subordinar la “Restauración
General” a las inovaciones – que
paulatinamente se iban imponiendo hasta en Napoles
– debidas a la primera Revolución
Industrial.
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«El desarrollo tecnológico
no podía no tener influencia alguna en las
obras de “Restauración” del Palacio,
ya que éste se insertaba en una visión
global de un Palacio Real que fuese no sólo
representativo, sino también expresión
de su época, liberal hacia las nuevas tecnologías,
que se consideraban imprescindibles para hacer frente
a las faltas de los sistemas artesanales, que habían
sobrevivido invariados hasta principios del siglo».
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Así fue que se planeó
una profunda modernización de las instalaciones
y de los servicios conforme a los criterios
de eficiencia típicos de los germenes
de la industrialización: se introdujeron
la iluminación a gas; sistemas avanzados
de abastecimiento de aguas corrientes; máquinas
de vapor para los servicios hidráulicos;
una nueva red de vertederos y cloacas; planchas
de cinc nervadas en lugar de tejas; productos
avanzados de los talleres de fusión ocupados
para la construcción del Puente de Belvedere
y cómo soportes para los aparatos de
iluminación; compuestos plásticos
impermeables para cubrir las conexiones más
expuestas;vidrios y espejos con pintura de protección;
etc. |
Jardín Colgante
del Belvedere con “Gran mesa elíptica",
Andrea di Lucca
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Todos los cambios se produjeron bajo
el control constante del Rey, que instituyó
comisiones específicas a lo largo de todas
las dos décadas que fueron necesarias para
realizar la “Restauración”. En
lugar de Antonio Niccolini – arquitecto favorito
de Fernando I y Francisco I – Fernando II escogió
a Gaetano Genovese; éste «examinó
y planeó la reconstrucción del Palacio
Real según un proyecto imponente, comodísimo
y bello, que presentó a Su Majestad el Rey»
,
que en sustancia retomaba la idea de Fontana y que
correspondía a la visión conservadora
del Rey.

La escalera principal |
También cabe recordar que en la segunda
mitad de los años Quarenta, cuando ya
los apartamentos reales eran habitables, se
produjo una “reducción” a
jardín inglés – «tan
sinuoso e intenso como la tendencia de la cultura
romantica sugiere» –
del gran picadero, bajo la dirección
del “jardinero botánico”
Federico Dehnhardt asistido por el botánico
Gussone, al que se contraponía el neoclásico
jardín colgante de la Logia de Belvedere,
que, tendido hacia el vacío, se asoma
en el asombroso panorama del Gulfo.
Finalmente hay que citar la maravillosa “Escala
Grande”, con su Gran Bóveda a cubrir,
las decoraciones y las alfombras preciosísimas
(en parte producidas en Belgica y en parte en
San Leucio).
Una de dichas alfombras ha sido restaurada recientemente
por iniciativa de SS.AA.RR. los Príncipes
Carlos y Camila de Borbón de las Dos
Sicilias, Duque y Duquesa de Calabria. |
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